Dijimos en la anterior publicación:

“… eso que recibo o que no recibo… y, también, cómo y cuánto recibo, es un reflejo de la intención profunda que subyace a mi acción de dar. A ese pensamiento primero y original que normalmente acaba escondido tras un espeso cuerpo de pensamientos más superficiales.”

También anunciamos que mencionaríamos el sentido profundo de esto, así como las bendiciones o regalos que trae hacia nosotros tal intención. En este artículo nos concentraremos en la relación de pareja, pero no es útil sólo para esto.

Comencemos.

En relación con lo primero -la intención profunda-, lo que recibo, es una materialización de lo que ocurre en lo más recóndito de mí, y no de lo que, de dientes para afuera, expreso querer.

Por ejemplo: Puedo decir que quiero encontrar la pareja perfecta para mí. Y, según mis expectativas y cálculos, la pareja perfecta para mí debe cumplir con una serie de características de personalidad, formativas, intelectuales, socio-económicas; e, incluso, físicas. Si vamos más allá, podríamos agregarle a esto algunas virtudes, como: que esa persona sea amorosa, buena conversadora, generosa y alegre. Sin embargo, siempre que entro en una relación, aunque ese otro ser cumpla con varias o todas las características que me propuse encontrar, no me siento feliz.

Lo que ocurre es que, en casos como éste, me estoy enfocando en el otro, y no en mí. Esto es, en buscar en ese otro lo que mi ego, desde el sistema de creencias que he ido construyendo a través de los años, cree que mi pareja debe tener. Pero se me olvida algo fundamental: yo. Se me olvida que las necesidades de mi alma son distintas a las necesidades de mi ego.

Por lo tanto, remitiéndonos a lo segundo, tengo exactamente lo que necesito. No lo que quiero, pero sí lo que necesito. ¿Cómo es esto? Bueno… el que, una y otra vez, me lance a vivir experiencias de pareja que no me satisfacen, es la indicación misma de la Vida… de mi alma, si así lo prefieres… de que mi enfoque no es el adecuado. En pocas palabras, es como si la Vida, a través de cómo me siento con las decisiones que vengo tomando, me dijera: “Ya deja de insistir en lo mismo. Mira hacia otro lado. Para de mirar hacia afuera, y busca dentro de ti.” Ahí está el sentido profundo: el que reconozcas claramente lo que no te hace bien, para que te decidas, de una vez por todas, a vivir plenamente. A vivir desde el Amor Propio.

Y allí, también, está la bendición o el regalo. Porque si lo que vienes experimentando, aún sintiéndose difícil, te ha enseñado a mirar hacia adentro… y, como consecuencia, has aprendido a amarte, pues habrás ganado tú, habrá ganado tu pareja (o potencial pareja), y habremos ganado todos.

Entonces, ¿cuál podría ser un mejor enfoque? Comienza por esto, y lo demás hazlo según lo que te dicta tu corazón:

  1. Pregúntate cómo quieres sentirte en pareja. Escríbelo detalladamente.
  2. Imagina la dinámica de relación que quieres que ocurra entre los dos, desde muy dentro de ti. O… Imagina que la pareja -no la persona, sino eso que entre los dos construyen- es un tercero, creación de dos. ¿Cómo quieres que se sienta ese tercero? ¿Qué le darían a ese tercero para que se sienta pleno y vibre en Amor, en Abundancia y en Alegría?

Mientras haces el ejercicio, llénate de dicha. Ésta se convertirá en el alimento para el auto-merecimiento de algo bueno para ti, y para ese otro.

En resumen, si quieres mejor algo en tu vida:

  • No te quedes en la superficie. Ve al fondo de ello. Vete y siéntete teniendo de eso que tanto quieres, como si YA fuese real.
  • Permite al Universo hacer el resto.
  • Permanece atento (a) a lo que llega hacia ti porque, en su forma, podría parecerse poco a la versión de tu ego, pero… en el fondo… es exactamente lo que tu alma quiere para ti.
  • Abre tus brazos y tu corazón a eso que el Universo quiere entregarte, pues Él sabe bien lo que es mejor para ti; incluso, si tu mente racional te indica lo contrario.

Esperamos que el contenido de esta publicación te haya ofrecido algún valor.

Gracias por leer.

Hasta pronto,

EQUIPO Pedagogía para la Vida

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