En varias más palabras, decíamos en la primera parte de este tema, que insistir en dar a otros sin darnos a nosotros mismos, acabará por lastimarnos. Allí, también, expusimos dos ejemplos de esto.

Hoy quisiéramos detenernos en el dar más que en el recibir.

Cuando hablamos de dar, lo primero que se viene a nuestra mente son definiciones como dar amor y dar cosas materiales. Sin embargo, el dar se refiere a esto, y a mucho más. Por ahora, nos concentraremos en eso de dar tiempo.

Existe un gran número de personas que dan su tiempo a otros, pero no se lo dan a ellas mismas. Lo que puede suceder con esto es que, después, terminan expresando alguna forma de descontento:

  • Están retrasadas sus propias responsabilidades y obligaciones.
  • Un trabajador eficiente y de corazón generoso, por ejemplo, puede ceder tiempo de su apretada agenda a sus colegas, para luego verse laborando horas extra o llevando trabajo a casa, ya que, durante la jornada, invirtió tanto tiempo colaborando con otros, que el tiempo con el que contaba para hacer lo suyo, se desvaneció. Si bien colaborar con otros es maravilloso, es necesario equilibrar las necesidades de los demás y las mías.

¿Qué hacer entonces?

Lo que podemos hacer en esos momentos en los que se nos pide tiempo, es apelar a nuestra capacidad de discernimiento para definir cuándo y cuánto de él podemos entregar, y no extralimitarnos una vez lo sepamos. De esta manera, realizaremos nuestro trabajo (sin quedar “en deuda” con nosotros mismos), y habremos contribuido a otros también.

Así que, la próxima vez que alguien te pida tiempo, antes de correr a dárselo… respira. Detente por unos segundos y pregúntate si realmente dispones de ese tiempo para ese otro en el momento en el que te lo está solicitando, o si debes proponerle un espacio diferente.

Como te darás cuenta, la invitación es a que continúes desplegando tu actitud colaborativa, pero siendo más consciente de cuándo y de cuánto estás en verdadera capacidad de invertir tu tiempo en asuntos de otros, con el fin de que no acabes envuelto (a) en un remolino de cosas pendientes… o, incluso, robándote tiempo que podrías pasar en actividades que te encantan y e hacen bien.

Si te ha gustado este tema, continúa a la Parte 3.

Esperamos que estas palabras te hayan ofrecido algún valor.
Gracias por leer.

Hasta pronto,

EQUIPO Pedagogía para la Vida

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