¿Sabías que dar a borbotones a otros no es suficiente para sentirte amado (a) ni feliz? Entonces, ¿por qué nos dicen que la mejor manera de recibir, es dando?

Miles de millones de personas viven sus vidas dando aquí y allá. Dan a la pareja, a los padres, a los hijos, a los hermanos, a los vecinos, a los jefes y a sus colegas… Incluso a obras de caridad, a pacientes, a clientes… Y la lista continúa. Pero, luego… un buen día… se dan cuenta de que se sienten vacíos. Varias de estas personas, como lo hizo Teresa de Calcuta, expresan sentirse vacías y abandonadas. En el caso de ella, abandonada por Dios.

La pregunta es: ¿Cómo puede alguien como Teresa de Calcuta o monjes budistas, sacerdotes, pastores y misioneras que han dedicado su vida entera al servicio a los demás, sentirse vacíos? Y las madres… Nos han dicho que la maternidad es sublime y que llenará un gran espacio en nuestra vida. Si bien es cierto que la maternidad es muy poderosa, ser madre -o padre- no es suficiente para sentirnos plenas (os). Es más, son muchos los casos en los que los padres se sienten engañados por la vida, ya que, palabras de ellos, sus hijos no les corresponden con el mismo amor que reciben.

Para hacer sucinto un tema tan amplio como éste, en este sentido, ocurren varias cosas. Por ahora, mencionaré las que considero más comunes:

  1. Damos sin darnos. Sí, así de sencillo. Damos a otros, sin darnos a nosotros mismos. Esto es, entregamos hasta de lo que no tenemos, dizque porque eso es amar. Pero, ¿qué ocurre si andas tu auto con muy poca gasolina? Llegará un momento en el que se apagará, y necesitará que llenes el tanque. Igual nos sucede a nosotros. Si doy aquí y allá sin darme a mí mismo (a) lo que necesito para sentirme recargado (a), llegará un instante en el que me sienta vacío (a). En el que, así como mi auto, me funda. Y es entonces cuando viene la sensación de soledad, de tristeza y, también, de resentimiento. Y el sentirme solo (a) -aunque no lo esté-, la tristeza y el resentimiento, nos hacen vibrar bajo. Es decir, nos hacen sentir mal.
  2. El pataleo. Este segundo punto es un efecto del primero. Una vez me he llevado al punto de sentirme solo (a), triste y lleno (a) de resentimiento, comienzo a adoptar una actitud de reproche hacia aquellos de quienes espero amor al mismo nivel al que creo estarles dando, porque necesito buscar la forma de llenarme de él… igual que el auto pide gasolina.

La dificultad con esto es que los demás me dan a mí de lo que se dan a sí mismos. ¿Ves como funciona? No pueden darme más que eso, pues, al igual que yo, es lo único con lo que cuentan. Y, si insisto en medio de reclamos tácitos o expresos, es igual que si le exigiera a mi auto andar sin combustible. Tal vez, si tu auto hablara, te preguntaría: ¿Cómo pretendes que ande sin combustible, cuando es indispensable para la acción que me solicitas? Dame combustible, y andaré.

La diferencia entre el auto y tú -entre otras cosas, por supuesto- es que él no puede llenar su tanque sin tu ayuda. En cambio, tú… Tú SÍ puedes llenar tu corazón y tu vida de amor… sin la ayuda de nadie.

Esperamos que hasta ahora estas palabras te hayan ofrecido alguna claridad.

Para no hacerte esta publicación aún más extensa, cuando quieras, lee la Parte II.

Hasta pronto,

EQUIPO Pedagogía para la Vida

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