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el RELATO

Era la tercera mañana que se levantaba con ese ardor en la panza. ¡Ay! Así se sentía todo el día. En el trabajo debía levantarse de su escritorio varias veces y dar una vuelta por el piso en el que laboraba, ya que el ardor no le permitía quedarse sentada por mucho tiempo. «¿Qué será lo que tengo?», se preguntó. «Esta acidez no es normal en mí.»

Resulta que aquella mujer vivía una vida buena en apariencia. Desde fuera se veía como una vida agradable. Por lo menos, como una vida en la que nada faltaba. Sin embargo, esa agriera estaba allí por alguna razón que trascendía algún alimento que se hubiese comido, o algún trasnocho que se hubiese permitido. Esa noche, en cama y sin soportar ya aquel ardor, se hizo la pregunta seriamente: «¿Qué será lo que me sucede? ¿Qué será lo que este ardor quiere decirme?» De un momento a otro, la película de su vida se le mostró en su mente. «¡Aj!», sintió. «Claro…»

Desde pequeña, aquella mujer había soñado con tener su propio negocio. Un negocio a través del cual ayudaría a las personas a comunicar las intenciones de sus empresas. Si bien ya lo hacía, lo estaba realizando como subalterna de quien sí se había decidido a dar el salto de crear su sueño. De tal manera que su presente se veía y se sentía diferente a aquel futuro que había proyectado muchos años atrás. Ahora, ese futuro una vez soñado, le decía: es hora de que me atiendas, porque la forma que acabaste dándome no se parece a aquella que resonaba tan fuerte en tu corazón, años atrás.

la REFLEXIÓN

No sé si has pensando en esto antes, pero aquello a lo que le damos tanta importancia y que llamamos futuro, es ya. Eso que llamaste futuro en el pasado, es tu presente hoy. Por lo tanto, eso que llamas futuro, lo estás construyendo en este momento. Pregúntate, entonces: ¿En qué estoy? ¿Cómo estoy empleando mi tiempo? ¿Cuáles son aquellas creencias, esas ideas de la vida, de mí y de los demás que estoy alimentando en este momento? ¿Qué sueños que estoy atendiendo y cuáles anhelos estoy abandonando? ¿Qué acciones estoy tomando? Es cierto que estamos en casa, pero tomar acción no requiere que no movilicemos hacia fuera de nuestra viviendas. Cuestiónate esto también: ¿En qué estás poniendo tu energía todos los días de tu vida? Porque cada cosa en la que te estás enfocando ahora, está dando forma, ya, a eso que llamas futuro.

El futuro no está por fuera de ti o de mí. El futuro es la cadena de efectos que creamos a partir de ahora y que toma una u otra forma en un tiempo más lejano que aquel en el que nos encontramos. Y el futuro lo construyes tú, lo construyo yo. Dicho esto, ¿cómo puedes darte cuenta de cómo construiste tu futuro; es decir, tu hoy? Hoy es el futuro del pasado. Entonces, revisa qué fue eso que quisiste alguna vez, y cuáles fueron esas ideas, esas sensaciones y acciones que invertiste en aquel sueño… en ese anhelo. Pues tu vida hoy es el resultado de las decisiones que tomaste ayer.

Así que haz una pausa. Si en tu vida hay cosas que no te gustan, date cuenta de cuáles son y de cómo llegaste a ellas, para que des la forma que realmente quieres a lo que hoy llamas futuro. Ya es hora de dejar de hacer caso a lo que desde afuera nos empuja a que vivamos vidas que no son las nuestras, evitando de esta manera que contribuyamos al mundo desde quien nos corresponde ser. Es hora de dejar de apostarle a la frustración y a la infelicidad. ¿Cuál es la razón para esto? No es posible que en nosotros haya tan poco amor, tan poco respeto y consideración hacia nosotros mismos, que sigamos aportándole a construir vidas que no son las que queremos vivir, como si fuese nuestra única alternativa. No es posible que nos sigamos llenando de excusas y de argumentos que, a la postre, acabarán por afectarnos directamente a nosotros. Cada idea limitante, cada excusa y cada justificación se convierte en una idea plantada en nuestro inconsciente que nos hace avanzar, precisamente, hacia donde no queremos.

Ya es hora de que vivamos la vida de quienes somos en realidad; de que nos quitemos tantos miedos e inseguridades de encima. El mundo, hoy, nos está hablando con la más absoluta elocuencia. Nuestra Madre Tierra nos dijo ‘paren ya’, y nos ha enviado al cuarto para pensar, para reflexionar. Para que nos preguntemos acerca de lo que vamos a construir de ahora en adelante. Para que pensemos en quiénes somos y en cuál es nuestra responsabilidad como individuos y como especie. Hagámosle caso y preguntémonos cuál es ese deseo profundo que brilla en nuestro corazón, porque ya es momento de seguir ese brillo… No el ruido de las voces externas, por mucho que creamos que desatenderlas nos va a traer problemas, conflictos, cuestionamientos o desaprobación. Eso ya no vale. Es tiempo de entrar profundamente dentro, de tomarnos de nuestra propia mano y de ayudarle a nuestra Tierra a que pueda vibrar en esa consciencia de amor y de felicidad que tanto necesita. Que tanto necesitas tú. Que tanto necesito yo.

la INVITACIÓN

Así que siéntate con tus hijos, si es que los tienes y están contigo en este momento, y conversen acerca de temas que los ayuden a avanzar hacia esa luz interior. Es urgente. Y siéntate contigo y sueña con ese nuevo futuro… con ese presente que en unos meses o en unos años estarás viviendo para que en ese momento, cuando mires hacia atrás, en lugar de frustración, sientas agradecimiento y alegría hacia ti en primera instancia, por haberte dado la oportunidad, finalmente, de ser tú. Por, al fin, poderle sonreír a tu existencia, sintiendo que tienes el poder de ser y de hacer lo que verdaderamente eres y lo que realmente te corresponde como el ser que vino a esta Tierra a danzar en esto de la Vida, de la mano de los demás.

La invitación es, entonces, a que tomes tu vida como una prioridad. La tuya, no la que los demás esperan que vivas. La tuya… la que vibra dentro de ti, sin importar qué edad tengas. Hay un montón de personas allá afuera de edades muy avanzadas, demostrándonos que la edad no es una excusa para crear la vida que realmente brilla dentro de nosotros. La vida que nos llama cada día. Esa vida a la que dejamos de prestarle atención porque si pensáramos en ella se nos vendrían las lágrimas, sin que pudiésemos detenerlas.

Haz, pues, la evaluación de cómo te has traído hasta aquí. Y, desde el amor y la celebración, llévate hacia donde quieres estar. Empieza ahora. Ésta es la forma, además, de que nuestros hijos decidan lo mismo. Esto no se logra hablando aquí y allá… No es diciéndoles qué hacer como se consigue, sino siendo eso que sentimos que es lo que corresponde ser; lo que vibra en amor, en compasión, en consideración y en alegría. Es así como tus hijos, si los tienes, sentirán el deseo –de forma natural– de hacer lo mismo.

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Gracias por acompañarme. Hasta una próxima oportunidad.

Un beso… ¡chao!

CRÉDITOS

Fotografía: Larisa–K 

Composición, producción musical & guitarra: Nicolás Ortiz

Voz: María Paulina Mejía