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el RELATO

Y la persona se prendió del tronco, sintiendo que de eso dependía su vida. Mientras tanto, tras ella, abajo en aquel río correntoso, un batallón de personas con salvavidas, lazos y arneses… y sobre todo con la mejor intención y el conocimiento para llevarlo a cabo, le gritaban: ¡Déjate caer, que aquí estamos para recibirte! ¡Si insistes en permanecer allí, morirás de hambre y de frío, y nada ni nadie podrá salvarte!

Pero la persona, aferrada a sus miedos y sin una pizca de confianza, decide quedarse allí. Transcurren un par de días y aquellas personas regresan. ¡Lánzate!, le dicen de nuevo. Esta vez, eran más. Y más también los recursos con los que contaban. La persona giró su cabeza y miró hacia abajo. De pronto, algo dentro le dijo: “Suelta y déjate caer”. Y así lo hizo. En medio del vuelo, el miedo atacó: “¿Qué he hecho?”, se preguntó. Sin embargo, al caer, sintió que l@ recibían las manos del amor, de la vida, de la esperanza y del optimismo.

Protegid@ y tranquil@, dio gracias. Y comprendió cuánto había vivido aferrad@ a aquel tronco en el que ni siquiera respuestas había encontrado.

la REFLEXIÓN

¡Cuánto nos aferramos a lo que creemos que es lo correcto, o a aquello que consideramos nos salvará! Me refiero a que le creemos demasiado a nuestra mente. Esto ya lo he repetido, pero lo voy a volver a decir: le creemos demasiado a la información que hay en nuestra mente en cuanto a los miedos, a todas las precauciones que nos invita a atender… Nuestra mente racional no tiene la capacidad de ver todo lo que nos rodea. No tiene la facultad de darse cuenta del gran espectro de las cosas. Lo que alcanza a medir es apenas una combinación de las piezas de información que nosotros le hemos nutrido.

Así, en muchos casos, terminamos igual a esta persona que se aferra a ese tronco, a pesar de que abajo está la solución y su libertad. En este sentido, es importante comprender que no se trata de que la vida nuestra se vuelva como un jardín de flores en la que solamente hay tralalás, porque no es así. La vida desde la experiencia humana está llena de matices y corresponde que así sea. Por lo tanto, es importante comprender que a lo que me refiero es a que tengamos ese deseo infinito de amor hacia nosotros mismos para estar mejor de lo que estamos. Que nos pongamos a nosotros en una situación de amor propio, en una situación de merecimiento; y, por encima de eso, si es que suena demasiado complicado… en la vida que nos corresponde vivir. Esto también lo he dicho varias veces.

Pero, ¿qué significa ponernos en la vida que nos corresponde? Significa vivir la vida para la cual vinimos a la Tierra en la piel de cada uno. Es muy importante en este momento de transición de consciencia en el planeta, que nos pongamos la mano en el corazón, nos llenemos de fuerza y de valor, y tomemos la decisión de ser nosotros mismos de una vez por todas. Ésta es la única manera en que haremos una verdadera contribución al planeta. 

Es que tendemos a creer que para hacer el bien o para cambiar el mundo, tendríamos que formar parte de quién sabe qué comunidad, comité, compañía o proyecto, o que es necesario viajar a algún país para salvar la vida no sé quién, o trabajar con la empresa no sé cuál que siembra esto a aquello. Pero no se trata de eso. Sin embargo, si esto es lo que resuena en tu corazón, con toda la fuerza, es entonces lo que debes hacer. Pero no es lo que nos corresponde a todos.

Lo que nos corresponde a cada uno es soltarnos de ese tronco que simboliza todos los apegos, los miedos y la falta de confianza en la vida, y dejarnos caer a ese aparente vacío en el que nos recibirá el amor incondicional del universo. Desde ese lugar podremos ponernos la camiseta de la persona que realmente vinimos a ser. Y cuando decidimos vivir desde el ser más auténtico de nosotros, es cuando estamos salvando al mundo. Esto es, proporcionándole a ese mundo que tanto deseamos que sea mejor, la posibilidad de que tenga sus piezas completas. Cada uno de nosotros somos una de esas piezas.

Vale aclarar que no es solamente la humanidad forma parte de ese rompecabezas. Nosotros formamos parte del todo, y somos el todo al mismo tiempo. 

la INVITACIÓN

La invitación, hoy, es a que te sueltes de ese tronco y hagas lo que yo llamo un acto de fe. Dejemos de hablar de fe porque que no sirve de nada, y empecemos a practicarla. A lo que me refiero es a que hagamos un voto de confianza absoluta. 

Y… ¿cómo se practica la fe? La fe se practica creyendo y haciendo, así como dándonos la oportunidad de vivir la experiencia, el proceso, y el resultado de aquello que nos hace ser nosotros mismos. Un acto de fe se vive. Por ejemplo: si mi corazón me dice que deje eso y haga aquello, pues dejo eso y hago aquello. Cuando el corazón me dice ‘mmm, esas personas’…, no te detengas a juzgar a esas personas, solamente decide acompañarte de otras. Cuando la vida dice “no te vayas por allí, gira a la derecha mejor”, hazlo. Deja de permitirle a tu mente intervenir e interferir en y para todo, pues ella no sabe qué hay detrás de las decisiones que tomamos. Lo único que puede hacer es realizar una serie de cálculos muy limitados. Tu corazón, tu consciencia, tu intuición, la divinidad que vive en ti, en cambio, no sólo sabe lo que sucede en ti hoy, sino todo lo que puede ocurrir al tú tomar un camino u otro. 

Repito, suéltate de ese tronco y permítete, de una vez por todas, ser tú. Permítete, de una vez por todas, saber qué se siente vivir en la piel auténtica de quien eres. Te sorprenderás. Permítete, de una vez, confiar en la vida, en eso a lo que seguramente incluso le pides y le rezas. Permítete sentir la belleza de quien eres. Permítenos a todos, que el rompecabezas del mundo finalmente pueda ser completado. Permítete, de corazón te lo digo, de una vez por todas, vivir.  

 

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Gracias por acompañarme. Hasta una próxima oportunidad.

Un beso… ¡chao!

CRÉDITOS

INTRO Y OUTRO

Composición, producción musical & guitarra: Nicolás Ortiz

Voz: María Paulina Mejía

IMAGEN DESTACADA: free-photos-242387/